Me gusta sentarme en este rincón,
entre luces y sombras,
donde nadie me molesta
y me mezclo entre luz y oscuridad…
Es el único lugar
donde el mundo no pide explicaciones.
No hay preguntas, ni relojes,
ni juicios.
Solo el leve susurro de las paredes,
que ya conocen mis secretos.
A veces
me quedo tanto tiempo
que el día me olvida
y la noche me encuentra acurrucada,
mitad sombra,
mitad pensamiento.
Ese rincón es mi refugio y mi espejo.
Allí no tengo que sonreír,
ni mantenerme entera.
Allí puedo disolverme lentamente,
como una niebla interior
que se confunde con la penumbra
de los muros.
Es el lugar donde desaparecer
sin irme…

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